GUSTAVO
TISOCCO ARGENTINA
Cargó dos fotografías,
la rosa seca,
su vulnerabilidad,
la campana de bronce,
aquel espejo,
todos los abrazos
y se marchó.
Mi
madre pregonaba que en la siesta
habitaban los duendes, que del cielo
rojo
de la tarde no esperemos agua,
que si comías sandía
y te bañabas morías,
que el viejo de la bolsa no era
el de navidad,
que el amor no elegía hogares.
Con
mis hermanos fuimos tribus,
malabaristas, despistados brujos,
ser doctor era fácil,
la princesa era mi hermana y el
dragón a veces fui yo.
Sabíamos del ratón
que coleccionaba dientes
y al pisar los charcos llegábamos
a la luna.
Mi
Padre me regaló su rostro
de niño,
su infinita tristeza, su abrazo.
Condenado a huérfano el construyó
torres,
fue mártir, héroe
de corazón íntegro,
pan fresco para nuestras bocas.
Desafiando
olvidos llegó la noche.
Hoy la luna es inalcanzable.
Tengo todavía el rostro ajeno,
ahora agrietado de melancolías.
Decapitado mi corazón no
supo de amor
y quedé inconcluso. Solo
respiro.
Allá
en mi pueblo habita la infancia,
aquí, lastima el tiempo.
Primogénito:
Tendrás mis ojos de nada
incrustados en tu huérfana
presencia,
mis gotas de lluvia flagelando
al esquivo tiempo, mis ahogados
silbidos
poblando inútiles vacíos.
Tendrás
mi mortaja sobre el blanco lienzo,
el ansiar desparejo, este ser nadie
sobre esferas secas.
Tendrás
un pueblo mudo
señalando celdas y el correr
por hoscos pasillos floreciendo
miedos.
Tendré
de ti esa soledad tuya,
esta soledad mía.
Te
ofrezco mi súplica
que nunca hice,
mi casa abatida
mi eterna tristeza
detrás de ninguna sombra.
Te doy lo poco que existe
en mi asilo de tormentas,
esta sin razón
de ser pequeño
entre mis andamios.
Desnudo ante ti
mi suicidio habitual,
este corazón sin alas,
mi promesa de seguir el rumbo.
Y aunque de mis huesos
ya no queden más
que eternos epitafios,
te dejo mi último sollozo
sobre la mesa inerte del tiempo
que se fue tras los gorriones del
invierno.
Me cedo a ti y no soy abismo
sino un frágil barrilete
extraviado en el viento.
La niña de piedra tiene ojos
de lluvia
y aunque ya no hay eneros
presiente mañanas.
Ríe,
con ese absurdo dolor
quebrantando tiempos.
Ella
es de hombres oscuros
la tibia presa, la grata compañía,
el elixir añejo.
Sus
ojos diluvios
en su piel verano.
Gustavo
Tisocco nació en Mocoretá
Corrientes, es médico pediatra
- neonatólogo, escribe desde
muy pequeño. Publicó
en septiembre del 2001 su primer
libro de poesías "Sutil",
participó en el 2003 de una
antología Internacional de
autores del mundo de lengua castellana
publicada en España y en
el mismo año participó
de la antología de médicos
argentinos y brasileños.
Fue mención especial en el
congreso de médicos de Buenos
Aires con su poema "Abuelas
blancas", obtuvo recientemente
un tercer premio con su poema "ojos
muertos" en el foro literario
Azul y palabras. Participó
recientemente con otros poetas de
la antología "Libertad
bajo palabra".
Presentó su libro "Entre
soles y sombras" en marzo del
2004 y desde allí en diversas
ciudades argentinas. En junio del
mismo año fue Primer Premio
de poesía del Congreso de
médicos escritores argentinos,
chilenos y brasileños.
Fue seleccionado para participar
de la antología "Palabras
urgentes" de editorial Dunken
al cumplir esta su décimo
aniversario y en diciembre participó
de la Antología "Valle
de Elqui" patrocinado por la
Embajada de Chile en Argentina.
Actualmente trabaja en su nuevo
libro que será presentado
en Buenos Aires aproximadamente
en agosto de este año.
Fue publicado en diversos periódicos
y en diversas páginas literarias
de internet .
Transita su vida entre luces y penumbras,
sabe que vivir es la consigna mas
allá de las tormentas.