Mónica Melo ARGENTINA

Comala

Vine porque me dijeron que acá vivía mi padre.

Juan Rulfo, en Pedro Páramo


Me dijeron que acá vivía mi padre. Mi madre lo dijo. Muertos que regresan para pedir disculpas. Soy el hijo que no sabe y se entretiene mirando el crecimiento de las cosas. Un pueblo untado de desdicha donde el olvido cruza el pecho amoroso de mi sueño. Exigir lo nuestro, madre, va a obligarme a golpear nudillos contra el agua espesa de memoria, recortar el sonido de la gente, voces secretas, murmullos, zumbidos enterrados boca arriba pensando en soledad.
Pregunto por él con la angustia voraz de un tartamudo. Su nombre me rodea los hombros y no deja pedazo sin cubrir, como la muerte. El beso que no di no me deja pensar ni querer. Cae la lluvia contra las ramas del paraíso. Pido un vientre para hundirme en él como si fuera noche. Las mujeres abren surcos en la tierra con la punta de los pies. Busque lo que le pidieron y cuando encuentre escuche, recuerde y váyase.
Cuando una mujer elige un camino siempre regresa en forma de sangre, palabra, hijo. En cambio cuando yo sigo a una mujer mi camino se pierde, ésa es mi suerte. Sobre los huesos sigue cayendo antigua lluvia.
Volver con la verdad mi padre murió, cómo decírselo. Dejaré que siga hablando consigo misma mi madre.




Privilegio

Escucha. Alguien llora, grita, pide. La paciencia de una mano que es garra antes de que seas lejos. Inicio perpetuo tu jardín sin flores. Víctima de un sueño repetido, a cada instante desesperas por escapar del privilegio y de nuevo tropiezas con huesos, ojos enjambre, cartas selladas, un puñado de sal en los bordes del paraíso derramado. Tus dedos escondiendo el pabilo de la noche.
No basta un cuerpo desnudo para que llegue el amor y te salve.
Papeles encendidos. Sangre, tinta, es lo mismo. Enterrada en tu vientre queda la felicidad: escríbela. Es mucho más que la celebración del sexo.
Un cuchillo de éxtasis roto: tu palabra.



 

El mensaje

El mensaje viene hacia mí pero no llega. Lo espero. Lo siento. Intuir es oráculo o palabra. Un rito, un objeto, sangre en el pico mutilado de un pájaro. Una piedra en el camino, esa piedra que tropieza con mi noche.
Tal vez no hay mensaje, quizás sea sólo una línea de la mano creciendo hacia donde esperan los niños asustados o los muertos.
Voy a mover el polvo y debajo veré lo que aún no sé buscar.
Mover la palabra noche. Es lo único que tengo que hacer.



 

Deseo

Escucho el mar a estas horas del agua. El don emboscado cuando decía la noche de esa forma. No hacía falta siquiera el sonido o la espuma, ni un malecón de guirnaldas esperando la invitación de los barcos. Bastaba con que ella mencionara mi nombre para que allí hubiera océanos, puertos en busca de sueños buceando entre gente que nunca existió.
Era la mujer que todos queremos, deseamos, pedimos que vuelva aunque ya sea muy tarde.
Es la que no está. La sed, el cuenco dado vuelta, los vanos espacios de mi ombligo. Sal de lirio en mis ojos porque lloran. Un recuerdo vasto, limpio, circular.
La mano en mi cabello, baja a mi boca y a mi nuca y a su intriga de corazón perdido. Otra mano en mi tristeza, la opacidad de latir en la espalda que desdobla mi pecho. Me acaricia. Se detiene. Del monte, yo tomaba lo que temía perder y lloraba cuando lo tenía. Los dedos en el vientre, algunos en el pezón adormecido, el otro silenciado pero angélico, húmeda devora lo que pienso y abre el otro mar que vive en mis piernas mi mano queda se queda se adelanta y se agita lo pido y se agita se adelanta gira frota cierro los ojos grito no es mar. Y se agita.


 

Mónica Melo. Es Lic y Prof. en Letras (UBA. Facultad de Filosofía y Letras). Cursa y dicta clases en la carrera de Edición de la misma facultad. Trabaja como profesora de Literatura en el Colegio Nicolás Avellaneda y María Claudia Falcone (Palermo Viejo) desde hace más de diez años.

Participó en "Al filo de la palabra" coordinado por Gabriela Yocco. Actualmente corrige sus trabajos en el taller del IMPA coordinado por Lidia Rocha y Cayetano Guzmán.

También asiste a los encuentros de "Corte y Corrección" de Marcelo Di Marco. Publicó "Versión de la Noche" (Ediciones Extranjera a la intemperie, 2005).


 
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